Descansar también es avanzar: verano, coherencia y el arte de parar

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Descansar con conciencia: algo más que dejar
de hacer.

Llega el verano y con él una pausa que, aunque prevista en el calendario, no siempre se vive como tal.
Paramos el trabajo. Cerramos el portátil. Guardamos agendas.
Pero internamente, seguimos en movimiento.

Planeamos. Organizamos. Proyectamos.
Y muchas veces, en vez de descansar de verdad, solo nos ocupamos de otras cosas.

Nos cuesta parar.
No por falta de tiempo. Sino por falta de permiso interno.

El mito del hacer constante

Vivimos en una cultura que ha confundido el valor con la productividad.
Donde el “no hacer” se interpreta como pereza o desconexión.
Y donde incluso el descanso se convierte en una tarea más que cumplir.

Pero la vida no crece solo en el hacer.
La integración emocional, la madurez interna, y la verdadera coherencia, ocurren cuando nos detenemos.
Cuando dejamos de empujar… y permitimos que lo vivido haga poso.

Desde Emprendiendo a Ser, lo tenemos claro:

Descansar también es hacer.
Es hacer espacio.
Es hacer cuerpo.
Es hacer sentido.

El descanso como parte del ciclo vital

La naturaleza nos lo muestra con claridad.
Los árboles sueltan sus hojas después de florecer.
El mar alterna oleaje y calma.
Incluso el corazón se detiene entre latido y latido.

¿Y nosotros?
Nos exigimos estar siempre disponibles, resolutivos, creativos.
Pero si no paramos, lo que vivimos no se integra.
Y lo que no se integra… se repite.

¿Por qué nos cuesta tanto parar?

Desde una mirada sistémica, el obstáculo al descanso no es solo externo.
Suele haber nudos más profundos:

  • Lealtades invisibles: “Mis padres no paraban nunca, yo tampoco puedo.”

  • Miedo a encontrarse: “Si me detengo, ¿qué sentiré?”

  • Confusión identitaria: “¿Quién soy si no estoy haciendo algo útil?”

A veces, lo que llamamos “hiperactividad” no es más que una forma sutil de huir de uno mismo.
Y por eso, parar confronta. Porque en la pausa… nos encontramos.

La coherencia también se entrena al parar

La coherencia no es hacer siempre.
Es actuar en sintonía con lo que verdaderamente necesitas.

Hay momentos para avanzar.
Y momentos para retirarse.
Parar en verano no es perder el tiempo.
Es darle tiempo al alma para ponerse al día.

A veces, lo más transformador no está en lo que haces…
sino en lo que dejas de hacer para volver a ti.

Descansar no es huir, es volver

Volver al cuerpo.
Volver a la intuición.
Volver al propósito.

El verano nos ofrece una ventana natural para eso.
Un permiso colectivo para bajar el ritmo,
soltar el personaje y reconectar con la presencia.

Y si lo hacemos con intención…
volvemos distintos.
Más centrados.
Más claros.
Más vivos.

Lo invisible también cuenta

En Emprendiendo a Ser, creemos que lo esencial no siempre se ve…
pero siempre influye.

El descanso no se mide en productividad,
sino en integración interna.
No es dejarlo todo,
es permitir que todo se acomode.

Así, cuando volvemos, lo hacemos desde otro lugar:
más conectados, más libres, más preparados.

El valor de parar

Este verano, regálate una pausa con intención.
No como recompensa.
Sino como acto de amor hacia ti.

Descansa no solo para desconectar, sino para reconectar con lo que de verdad importa.
Porque descansar, cuando se hace con conciencia…
también es avanzar.

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